Entrevista a un inmigrante Italiano por Karina Ramos

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Un inmigrante Italiano,de tantos en Argentina.
Las dificultades de la vida, buscando nuevos caminos, hace que las personas indaguen por
nuevos horizontes.
Un inmigrante Italiano, uno de tantos que emigraron a la Argentina,sin saber el futuro que lo
esperaba del otro lado del continente.
Con ilusión y esperanza, Miguel Lombardi nos cuenta un poco de su historia, de su vida en
Italia, Argentina y Estados Unidos.
Viajamos al pasado en su interior y nos dejó entrevistarlo.
¿ A qué edad vino a Argentina?
Uuu… (con suspiro y emoción )respondió a los 27 años.
¿Que lo trajo y por qué eligió venir a Argentina?
Me mandó a llamar mi tío que ya vivía acá y vine porqué en Italia, no había trabajo y
estábamos mal por la guerra.
¿Vino en barco y cuánto tiempo tardó?
Siii, vine en barco y tarde 15 días, en esa época no había avión.
¿Cómo la pasó en el barco, durante el viaje?
Triste… y también contento con mucha esperanza.
En el barco conocimos mucha gente de muchos lugares, la mayoría eran Españoles e
Italianos, todos esperanzados…con sueños para cumplir en un país que no sabíamos donde
quedaba.
¿Qué sintió al llegar, qué sensación tenía en su interior en ese momento? Seguro los
conserva en sus recuerdos!
Recuerdo que cuando baje del barco, buscaba a mi tío, que era el que me esperaba y él era
el que me había pagado el pasaje. Todos buscaban a alguien quien los esperase entre la
multitud, desesperado, mirando pude ver a mi tío levantar el brazo, corrí hacia él y nos
dimos un fuerte abrazo, luego me presentó a la mujer que lo acompañaba, su esposa.
Y después… de establecerse.¿Enseguida pudo conseguir trabajo?
Siii, mi tío me llevó a la corporacione donde él trabajaba.
¿Cómo se sentía después de estar unos días, ya establecido?
Extrañaba a mi familia y a mi mujer Margarita Aromando, con quien me había casado un día
antes de partir, con la promesa que la prioridad sería juntar la plata para el pasaje y traerla
lo antes posible.
¿Y porqué no vino junto a su mujer?
Noo, no podía, tenía que juntar la plata para el pasaje, solo tenía mi pasaje el que me pago
mi tío, aparte debía conseguir trabajo, ver cómo era todo acá y esas cosas,para después
poder traerla lo antes posible.

¿Cuánto tardó en poder traer a Margarita?
6 meses
¿Mientras trabajaba en la corporacione, pudo juntar la plata?
Si y no, hacía changas de cualquier cosa, porque había suspensión de trabajo en la
corporacione, entonces no me pagaban.
¿Y como hizo?
Mientras estaba la corporacione suspendida, otro paisano (Italiano), me dijo que él vendía
pirulines, si quería me enseñaba a hacerlos, que ganaba más de lo que nos pagaban en la
corporacione, era mucho en esa época. Entonces me enseñó a hacer los pirulines y
venderlos.
¿Entonces aprendió y los empezó a vender?
Siii y los vendía por Avenida del Trabajo.
¿ Y vendía bien?
Si, me servía la plata, así podía seguir juntando, pero me daba un poco de vergüenza,
porque una vez escuché una pareja que la mujer le dijo al hombre, ¡mira este chico no le da
vergüenza vender pirulines pudiendo trabajar! Me dio tanta vergüenza que agache la
cabeza y pase rápido sin gritar pirulines, pirulines que era lo que decía para vender.
¿Siguió vendiendo después en los días siguientes?
Si, tenía que seguir hasta la reincorporación de mí trabajo y la última vez fue cuando
pasaba gritando, y tres hombres me miraban, uno de ellos, el más viejo Antonio Susurro con
los otros
dos jóvenes: vendiendo en la calle en vez de buscar trabajo, lo miré fijo y esta vez no
agache la cabeza, le grite de lo más profundo de mi ser con toda mi tanada…¿ porque no
me da usted trabajo? y me contestó, me quedé asombrado cuando me dijo venga mañana a
las 8 de la mañana, lo espero en la calle Castañares.
¿Y fue?
A la mañana siguiente estaba ahí, pero a las 7, ansioso por un buen trabajo con ganas y
hambre de trabajar, ilusionado para poder ayudar a mi familia que había dejado en Italia.
¿Qué trabajo le dieron?
Llegaron dos hombres, los dos que lo acompañaron el día anterior, uno resultó que era el
hijo de Antonio, arquitecto y el otro constructor.
Me dijeron que llevará la arena a el patio trasero, lo hice rapidísimo, estaba entusiasmado
con ganas de trabajar y poder ganar dinero sin que me dé vergüenza. Después de verme
trabajar me llamaban siempre para otros trabajos.
¿Pudo juntar plata?
Mucho no, pero pude juntar para traer a Margarita y poder ayudar a mi familia en Italia y
poder devolverle la plata del pasaje a mi tío.

¿Una vez que trajo a Margarita, fueron a vivir a lo de su tío todos juntos?
Si, por un tiempo hasta que le conseguí trabajo a mi esposa en la fábrica de galletitas que
yo estaba trabajando en ese momento y por las noches los dos, mi esposa y yo cosiamos
medias, nunca dormíamos, solo trabajamos, así nos pudimos ir a vivir solos.
¿Cuántos trabajos tenía Miguel?
Pensativo, contestó…
Muchos, también trabaje de inspector de colectivo, hasta que el hermano de mi esposa me
dijo que pagaban bien en Estados Unidos, donde él había emigrado y trabajaba haciendo
piscinas.
¿Viajó a Estados Unidos para trabajar?
Si, después de no tener nada fijo acá en Argentina, me saque el pasaje y me fui.
¿Como le fue allá
Bien, me dediqué a hacer piscinas toda la vida, me la pasé yendo y viniendo en las
temporadas, mitad de año allá y la otra mitad acá dedicándome a las piletas, con trabajo fijo
y pudiendo elegir.
¿Tuvo hijos Miguel?
Si, dos Delia y Pascualito.
¿Y nietos?
4 nietos Argentinos, como mis hijos que nunca quisieron quedarse a vivir en Estados Unidos
y eso que estuvieron allá, pero no les gustaba.
Bueno Miguel, ¿hoy después de tanto tiempo qué recuerdos le quedaron marcados
en el corazón de Italia, que me pueda contar?
Todo… recuerdo todo, lugares, amigos, familia desde mi infancia hasta el día de hoy, pero
me marco el hambre, no teníamos nada ni harina para hacer pan, trabajamos la tierra y los
ingleses que pasaban nos robaban las papas, que era lo único que podíamos cultivar y
poder comer. También me quedo el recuerdo de cómo corríamos cuando pasaban los
aviones que lanzaban bombas y nos tirábamos en la tierra alejados de las casas,
recostados sobre ella para que no nos vean desde el cielo.
Tengo tantos recuerdos… lindos y feos, toda una vida, pero esto me pone triste, me lleva a
pensar todo lo que sufrí, todo lo que pase en Italia.
Bueno Miguel, entonces terminamos acá y otro día si quiere podemos profundizar
más.
Oriundo de su Italia natal de la Provincia de Salerno, de un pequeño Pueblo en el sur,
llamado San Pietro Al Tanagro, Miguel Lombardi nos abrió la puerta de su vida contando su
paso por distintos momentos y lugares.
Hoy viviendo en Argentina, después de contarnos su historia, con 93 años de edad, lúcido,
simpático, honesto, amable, trabajador y memorioso, afirma que aca en este país, será su
partida al cielo junto a su mujer Margarita, ya fallecida, llevando en su alma los recuerdos

vividos de su amada Italia, aceptando con tristeza y los ojos llenos de lágrimas, que no
volverá jamás, pero agradecido hasta el final de sus días, por el país que lo supo acoger y
brindar la oportunidad de forjar raíces.