Lino Barañao es el raro único caso de diálogo entre el macrismo y el kirchnerismo, si es que por diálogo se puede entender el hecho de que el Ministro de Ciencia y Tecnología de la Nación haya dicho “Sí, juro” ante Cristina Kirchner y Mauricio Macri. También es cierto que Barañao confiesa que jamás volvió a hablar con la ex presidente.

Hombre respetado por sus pares, docente de bioética con posición firme en materia de aborto (“confundir un embrión con una persona humana es inadmisible desde la ciencia. Si aprobamos la ley pasaremos a la modernidad”), conversó con Infobae de todos los temas.

Aseguró que no habrá recortes de personal y de proyectos científicos, calificó de “escándalo” la aparición de los cuadernos del chofer Centeno y abordó, entre otros tópicos, la cuestión del uso de desfoliantes como el glifosato en las siembras argentinas. Aquí, el diálogo completo

— Empecemos a hablar por la situación económica del Ministerio, afectación con estos recortes que se han anunciado desde el presidente.
— Bueno, estamos teniendo una situación que casi todos los Ministerios sujetos a una política explicita de reducción del gasto público para achicar el déficit fiscal. Lo que estamos haciendo es tratar de mantener las líneas fundamentales de nuestra política, que se mantienen, y tratar de evitar que ésta reducción en términos reales del poder adquisitivo… básicamente lo que más nos impacta es la devaluación. Porque gran parte de los insumos son en dólares, las suscripciones a revistas son también en dólares, y los presupuestos están en pesos y no son ajustables automáticamente por eso.
Lo que tratamos es que esto sea un periodo transitorio y de que no haya solución de continuidad, sabemos que cuando en la ciencia argentina hubo períodos de falta de apoyo, de discontinuidad de proyectos, costó mucho volver para atrás. O sea que es una actividad que tenemos que seguir manteniendo. Eso de lo político pero también hay obligaciones legales, tenemos contratos firmados con empresas, con instituciones que tenemos que honrar.
O sea que mantenemos el presupuesto, digamos, por lo menos en valores nominales, y bueno, tratando de compensar distintas maneras para garantizar que la actividad científica no se resienta.

— Es decir que los proyectos que están iniciados se van a continuar.
— Los proyectos se están continuando, seguimos financiando a los investigadores. Lógicamente, como decía antes, hay una variación del poder adquisitivo que veremos cómo compensamos. Pero en términos comparativos, si hablamos de la situación del CONICET, lo que hemos priorizado es la incorporación continua de investigadores, de ahora en más están entrando 450 investigadores al CONICET siendo que no hay otro organismo de administración pública que esté creciendo, o sea contrariamente a lo que se dice que se achica, el CONICET crece, y crece más que otros consejos de investigaciones de otras partes del mundo que han llegado a un nivel de saturación que es lo que especialmente queremos evitar. Lo que queríamos es que este sea un proceso continuo que no lleguemos a un número máximo de investigadores que nos haga reducir drásticamente los ingresos. Eso ha sido una prioridad en materia de financiamiento de los proyectos.
Y mantenemos dos iniciativas interministeriales, o sea que no solamente es nuestro Ministerio, que es el Proyecto Pampa Sur de investigaciones sustentables en el mar argentino, hemos hecho el año pasado diecinueve campañas cuando se hacían tres habitualmente en otros años. Y otro proyecto al cual estamos apostando es a la bioeconomía, que es el uso de organismos vivos, de agrotecnología para desarrollar nuevas cadenas productivas, más allá de las tradicionales en el agro, y que generen sobre todo empleo de calidad en las economías regionales.

— Yendo al recurso humano, no está previsto una reducción de personal.
— No, no, no se ha reducido personal en el Ministerio. No se ha echado gente, eso es algo que es importante aclarar. Lo que hay es que hay una cohorte de doctores que se forman todos los años, de unos mil y pico, de los cuales el CONICET, de los que se postulan al CONICET, establecen una orden de mérito y se toman por criterios de calidad académica exclusivamente por un lado, otras por prioridades regionales, hay áreas del país que tienen muy baja densidad de investigadores que tenemos que compensar. Y otras que tiene que ver con las líneas prioritarias que fija el Ministerio en sus planes plurianuales de investigación. O sea que tratamos de hacer eso lo más previsible posible. Hemos ido mejorando la manera de presentar ese orden de mérito para evitar malos entendidos o suspicacias, ahora hay un sistema mucho más transparente. Pero, repito, es un número importante de investigadores que se incorpora, y eso era una condición sine qua non para continuar con las políticas.
Y estamos también trabajando en forma más articulada con otros ministerios, que eso es algo que antes no ocurría, como esto de la bioeconomía es un problema que se realiza con otros dos ministerios, Agroindustria y Producción. El Proyecto Pampa Sur son siete ministerios que participan. Y tratando que la ciencia pueda mostrar que además de generar conocimiento que es útil para tomar decisiones, puede generar trabajo de calidad, que es el rol que juega la ciencia y tecnología en los países modernos, ¿no? Es algo que en la cultura argentina no está asociado, siempre se vio a la ciencia como algo que hacen los investigadores, las universidades, los institutos, pero a la sociedad común no le quedaba muy claro para qué le servía, cada tanto hay un premio Nobel, algún científico que recibió un premio. Lo que estamos demostrando es que, como consecuencia de esta investigación básica de calidad que se hace, hay nuevos emprendimientos, hay soluciones de problemas, hay mejoras en la producción, desde genes que permiten aumentar la producción aún en condiciones de sequía, nuevas terapias para distintas enfermedades, nuevas aleaciones para la industria automotriz o metal mecánica, una cantidad de desarrollos realmente importantes, de hecho hay una de estas empresas que hizo un estudio de seiscientos proyectos que se habían hecho en el país como consecuencia de una investigación previa y ya hay veintidós proyectos que son nuevas empresas nacionales, lideradas por investigadores jóvenes, que realmente están cambiando la matriz productiva del país, que es un poco a lo que apuntamos, a que el país base fundamentalmente su economía en el conocimiento y no sólo en los recursos naturales.

— Usted estuvo en las dos gestiones, la última gestión de Cristina a partir de la creación del Ministerio con Néstor y ésta. Cuantitativa y cualitativamente, ¿este gobierno tiene la misma inversión y decisión política en la ciencia?
— Digamos que la decisión política es la misma, digamos, cuando decidió asumir porque el presidente dijo…

— Se mantenía lo mismo.
— Mantenemos la política que dé buenos resultados. Lógicamente, el contexto económico es distinto. Es decir, en el gobierno anterior no había una suma final del presupuesto sino iba, gestionaba, si había plata la tenía. Y la otra diferencia fundamental es que nosotros gestionamos fondos a organismos multilaterales como el BID, el Banco Mundial y Fomento Banco Latinoamericano, y esos fondos, como no había otra fuente de financiamiento externo, los recibíamos y administrábamos nosotros, fue relativamente independiente de lo que era el presupuesto nacional, la ley acotaba eso.
Ahora la lógica es que todo lo que gastamos es parte del gasto público independientemente de la fuente entonces tenemos techos y tenemos normas comunes para todos los ministerios que hacen que tengamos que atenernos a una política de desembolsos y demás que son más rigurosas, hay que pelearla un poco más a veces. Pero hemos tenido en el gobierno anterior períodos en que no podíamos pagar subsidios, sólo que tratamos de que no se notara, hemos pagado un barco en diez cuotas, casi un plan Ahora 12. Los alemanes nunca entendieron por qué lo hacíamos así, eran cuotas diarias porque no había divisas para girar al exterior.
Lo que ha cambiado, me parece que para bien, es que la opinión pública está mucho más atenta a lo que pasa en ciencia y tecnología.

Sede del INVAP

Sede del INVAP

— Estás convencido de que es un activo importante.
— Es importante. Yo he hecho gremialismo científico durante más tiempo del que he sido ministro, desde el 84 al 2002, y era muy difícil lograr manifestaciones públicas. En la época del menemismo éramos cinco gatos locos, nadie esperaba que la ciencia fuera importante nunca en la Argentina. A partir de la creación del Ministerio empezó a tener otro protagonismo, logramos resultados contundentes, la gente empezó a tomar en cuenta la ciencia y ver que realmente es importante para la salud del país. Y eso hace que haya una posición más activa en defensa del sistema científico tecnológico de lo que había previamente.

— Versión periodística que usted me va a desmentir o no. El Ministerio va a ser degradado a Secretaría. ¿Existe esa posibilidad?
— No, el presidente lo desmintió categóricamente, no hay ninguna chance de que eso ocurra.

— Versión periodística. Barañao amenazó con irse.
— No, no, yo lo que he dicho lo dije cuando asumí, lo dije las dos veces que asumí, que si no contaba con el presupuesto adecuado para cumplir con los compromisos ineludibles que tenía para hacer la política no tenía sentido que siguiera como ministro. Pero no ha habido motivos recientemente para hacer ninguna amenaza de partida.

— Su presencia en el Ministerio implícitamente reconoce, implícita y explícitamente.
— Implica que seguimos teniendo apoyo presupuestario.

— En estos días hubo una discusión también con el área tecnológica respecto al tema INVAP que me gustaría saber en qué estado estamos.
— Sí, creo que no fue muy claro el mensaje, es decir, se confundió el hecho de que había algunos proyectos de largo plazo que estaba a nivel de ideas, que estaban siendo revisados, eran tres proyectos de los dieciocho que tenía INVAP, pero que no habían comenzado su ejecución.
Tiene que ver uno por ejemplo con el ARSAT 3, toda la constelación ARSAT había sido pensada hace más de 10 años y un poco lo que había en discusión, incluso en la administración anterior de ARSAT, en el gobierno anterior, ya habíamos empezado a discutir si tenía sentido hacer el mismo tipo de satélite o hacer un satélite más moderno, de hecho la gente de IVAP estaba proponiendo eso, un satélite más chico con una motorización que es distinta y demás que exija repensar todo. O sea que eso se postergue un tiempo más, no es algo que se pueda ejecutar en estos proyectos que son de la CONAE, de una constelación de pequeños satélites que se articulaban. Y otro tiene que ver con los drones para el Ejército.
El resto de los proyectos tienen que ver con el SARCOM, acaba de salir ayer el satélite para ser lanzado próximamente. Y otros proyectos de envergadura como el reactor experimental, que son proyectos encargados por el Estado.
Paralelamente lo que estamos apoyando fuertemente es la internacionalización de ARSAT, que ARSAT salga a vender al mundo. Yo personalmente suelo decir un poco en broma que soy el vendedor de INVAP, cuando voy a Misiones llevo a alguien de INVAP y realmente me consta el respeto que existe a nivel de grandes compañías internacionales por INVAP y la intención de asociarse con INVAP para proyectos de desarrollo innovadores en Argentina, para fundamentalmente Latinoamérica pero para el mundo. Y tenemos discusiones preliminares ya con varias empresas internacionales para lograr asociaciones de ese tipo.
Entonces creo que a largo plazo el futuro es promisorio para INVAP y está claro, todo el sector político tiene en claro, que INVAP es una de las joyas que tenemos, es casi parte de nuestros valores esenciales, pero como toda compañía tecnológica tiene que tener un portafolios de proyectos que le permita movilizar su personal y no quedar de repente con un proyecto trunco.

— Dicho torpemente, no está previsto un recorte en INVAP.
— No, los proyectos que tenemos siguen, los que dependen del Estado están financiados. Había una deuda que se va a terminar de cancelar entre agosto y fin de año, esa deuda de alrededor de mil millones que es de la que se habló. Se cancela eso y, digamos, el plan es para que no haya cambios sustantivos y sí pensar en proyectos futuros realmente desafiantes para que INVAP siga teniendo ese liderazgo que tiene y que diferencie a Argentina del resto de los países de la región. Si tenemos algo distinto como país es que tenemos una empresa como INVAP.

— Usted me habló recién de INVAP que es un hecho concreto. Digamos, como norte de la ciencia en Argentina, ¿debe priorizarse la ciencia aplicada, ¿no?
— No hay una disyuntiva. Cuando yo la conocía Cristina le dije que lo que había que hacer era “pasteurizar” la ciencia argentina, lo cual me permitió captar su atención y finalmente creo que fue clave para terminar estando como ministro. ¿Qué significa eso? Hacer ciencia como hacía Pasteur, inspirada en el uso. Pasteur sentó las bases de la microbiología y descubrió procesos fundamentales de bioquímica pensando en cómo curar la rabia, cómo lograr la conservación del vino y mantener puestos de trabajo y generar una actividad económica.
Creo que ese es el tipo de ciencia que Argentina tiene que hacer, innovadora, mantener la innovación en el conocimiento. Nos sirve mucho que investigadores argentinos avancen desde la mecánica cuántica hasta la energía biomolecular y publiquen en las mejores revistas porque eso nos diferencia del resto de los países. Pero al mismo tiempo tenemos que lograr que ese conocimiento original que se genera de una forma vuelva a la sociedad de alguna manera. Y ahí es donde tenemos que hace más esfuerzo, porque ahí es donde estamos más flojos, en la transferencia de tecnologías. Entonces no hay contraposición, no podemos dejar de hacer ciencias básicas porque eso es lo que genera.

— Bueno, valga la redundancia.
— No podemos copiar, porque lo que nos diferencia es que somos creativos como país, se ve a los argentinos como gente que piensa las cosas de otra manera.
Pero en un país que tiene el nivel de pobreza que tiene lamentablemente Argentina no podemos ignorar esa situación y lo que hablamos es de la responsabilidad social del investigador, el investigador argentino no puede ignorar la sociedad que lo rodea como puede hacerlo un dinamarqués que sabe que el Estado va a solucionar los problemas y puede hacer ciencia pura sin ningún tipo de compromiso. Acá decimos que además de hacer ciencia de primer nivel tiene que pensar cada tanto si eso que está haciendo tiene alguna aplicación. Y eso en la generación de jóvenes está plenamente instalado, o sea los jóvenes investigadores saben que tienen que hacer ambas cosas y no quedarse sólo en la publicación de un trabajo sino también ver que eso que pensaron se transforma en algo que le llega a alguien y que realmente soluciona un problema o que produce un beneficio.

— Ya que la trajo aquí a la conversación ¿conversa con Cristina, tiene algún trato?
— No, no, desde que cambió el gobierno no hablé más con ella. La última conversación fue en la que ella me autorizó a asumir como ministro de este gobierno.

— ¿Y a qué se debe, a que no había un trato?
— No, no, tampoco era tan frecuente la conversación, sólo cuando había temas puntuales o cuando había alguna cosa que resolver. No había reuniones de gabinete digamos en las cuales uno hablase. Pero no ha habido otro contacto.

Durante una reunión de gabinete junto al presidente Macri (Foto: Presidencia)

Durante una reunión de gabinete junto al presidente Macri (Foto: Presidencia)

— ¿Cómo vive esta nueva denuncia por la existencia de presuntos bolsos de corrupción y demás?
— Y… es complejo, uno no puede evitar pensar que fue parte de una administración, por más que uno no tuviese ningún vínculo, porque si había algo de bueno en esa falta de comunicación de los Ministerios que había era que uno no tenia vinculación alguna con cualquier otro tipo de manejos que pudieran hacerse. Me parece lamentable porque creo que se desperdició una oportunidad única de desarrollar el país de otra manera, y que esos recursos bien utilizados cualitativamente hubieran cambiado mucho el país. Más allá del hecho de corrupción, es lo que se pudo haber hecho y lo que se dejó de hacer teniendo la posibilidad de hacerlo, ¿no?

— Sí, porque digo, cuando uno habla de esto habla de las oportunidades perdidas, no sólo del hecho de quién o tal se enriqueció, es la oportunidad perdida en montones de cosas, ¿no?
— Sí. Lamentablemente creo que hubo una, más allá de los hechos delictivos, cortedad de miras. Vivimos tal vez una administración más de cabotaje, no sé si por decisión propia, sino porque estábamos aislados del mundo por la deuda externa y demás y había que arreglarse con lo que había y eso condicionó de una forma la visión del mundo que hubo. Pero es impensable que un país hoy pueda sobrevivir aislado en la economía globalizada. Y creo que eso es algo que estamos viendo que está cambiando y para bien.

— También en la coyuntura ¿cómo vive el debate, que está por terminar, y todo indica se dirige al rechazo de la legalización del aborto? ¿Cómo lo vive siendo uno de los ministros que se pronunció?
— Bueno, con preocupación. Me parece que lamentablemente muchos legisladores están decidiendo o por convicciones personales o por presiones o consideraciones electorales, concretamente en el Senado. Me parece que es una oportunidad única que se ha abierto de pasar a la modernidad en temas de salud reproductiva y sería lamentable que se perdiera esta oportunidad por ese tipo de razonamientos.

— Las presiones que ha habido incluso de grupos ideológicos radicalizados han sido muy fuerte.
— Sí, sí, ha sido muy fuerte. Mucha presión basada en la ideología y no en la ciencia. Lo que en realidad me molesta es que se usen criterios erróneos desde el punto de vista científico, que se diga que un embrión es equivalente a una persona no tiene asidero científico. Eso aparte por ahí es un concepto que es novedoso en la ciencia que es el concepto de información, que tiene que ver con el orden. Digamos, todos sabemos que hay megabytes, terabytes pero no hay una conciencia de eso. Yo soy profesor de bioética en la facultad y trabajo en embriones, con células madres y demás, o sea que sé de lo que hablo cuando hablo de un embrión. Entonces yo mencionaba el caso de “La piedad” de Miguel Ángel, una vez hubo uno que le pegó un martillazo y era un delito y lo condenaron. Miguel Ángel decía que era muy fácil esculpir, que la escultura estaba dentro del bloque de mármol. Y que lo había que hacer era sacar lo que sobraba. Pero sin embargo romper un bloque de mármol no es delito. ¿Cuál es la diferencia entre “La piedad” de Miguel Ángel y un bloque de mármol? Es la cantidad de información, la información que produjo Miguel Ángel trabajando a lo largo del tiempo. Pero es un proceso gradual, no aparece con el primer bloque al bloque de mármol. De hecho en Milán hay una escultura que se llama “Pietà Rondanini” que es un pedazo de escultura y Miguel Ángel dijo bueno, todavía le puedo dar otra forma…

— En la misma Galería Uffizi están los proyectos inconclusos.
— Los proyectos inconclusos. Entonces hay una gradación que uno puede cuantificar, de hecho hay un proyecto en la Universidad de California de medir cuánto pesa en megabytes o en terabytes cada uno de las esculturas de Miguel Ángel y eso aumenta exponencialmente, o sea que los primeros meses la cantidad de información es mínima y esto aumenta mucho sobre todo cuando empieza a funcionar el cerebro y empieza a haber algún tipo de respuesta. En los primeros estadios no tenemos esa cantidad, no tenemos la cantidad de información suficiente para considerar a que eso se aproxima a un ser humano y sobre el final sí lo es.
Yo me acuerdo que hace un tiempo había hablado con un investigador israelí que trabajaba en células madres y trabajaba con embriones y le digo, pero, ¿cómo no tenes problemas con la comunidad ortodoxa? Dice no, no, porque la tradición judía está basada en la egipcia. Y los egipcios habían establecido toda una serie de gradaciones, como dieciséis pasos hasta llegar al nacimiento. Y había uno en el medio que se llamaba Golem, que quiere decir parece humano pero no es. Entonces hay un límite bastante laxo en que se considera que un embrión en desarrollo no es asimilable a una persona.
Yo creo que concretamente en el caso de la ley hay algo que no va a cambiar que es el número de abortos, o sea que la gente que piensa que va a haber más o menos, eso está claro que no. Lo que va a disminuir es el número de muertes por un lado. Y el aspecto negativo es la agresión a las convicciones de ciertos grupos de gente que se ve amenazada en sus creencias porque se considera que no está mal hacer algo que ellos consideran que está mal. Es un daño psicológico, no podemos ignorar el valor simbólico de eso. Pero no se compara con una vida concreta de una madre que muere. Y que además afecta la vida de otros hijos. Digamos, no parece lógico contrapesar esas dos cosas, un daño psicológico a un daño físico.
Y la otra es que no se puede obligar a una mujer a gestar. Digamos, me parece que hay una imposición que no es admisible, digamos, es la sociedad que decide qué es lo que esa persona tiene que hacer con el cuerpo. Y esto se debe a que todavía la ciencia no ha logrado…

— Permear, claro.
— Permear y dar las herramientas para que eso no ocurra. Lo que pasa es que nuestra fisiología está adaptada a lo que era la realidad hace más de 150 mil años donde las mujeres controlaban su natalidad por el amamantamiento continuo y tenían una expectativa de vida muy corta, la mayoría de los chicos morían. Ahora no hemos logrado aggiornar las tecnologías para que tengamos esa autonomía por parte de la mujer.

(Foto: Julieta Ferrario)

(Foto: Julieta Ferrario)

— Otro tema que me resultó y que me involucró, y tiene que ver con mi ciudad, es la discusión que se ha dado con el Consejo Deliberante por su posición respecto de los agroquímicos y su toxicidad. Hay un intento de prohibirlos y usted ha salido a decir que no hay evidencias científicas de que esto suceda.
— Es así, lo que hemos dicho en distintas oportunidades es que hay más de cien países que usan glifosato concretamente, porque lo que no se dice es que hay otros agroquímicos más peligrosos que el glifosato que fueron eliminados porque la comunidad científica determinó que había problemas.
En el caso del glifosato lo que se ha determinado a nivel mundial es que aplicado correctamente, con normas estrictas, no ofrece riesgos significativos sobre el ser humano. Eso no implica que sea de toxicidad nula, digamos, que hay que manejarlo con cuidado. Pero en ese contexto hay que atenerse a lo que es la evidencia. Digamos, yo decía cuando se expuso las conclusiones de taller de prácticas de uso de fitosanitarios, en definitiva el glifosato es como un antibiótico, si mata a un organismo y no afecta al otro. Muere mucha gente por antibióticos en el mundo, por mal uso de antibióticos, y además el mal uso de antibióticos está provocando un riesgo de enfermedades resistentes a antibióticos que pueden causar pandemias a nivel mundial. O sea que ninguna tecnología está libre de riesgo. Lo que ocurre es que nadie se opone a los antibióticos porque uno piensa que en algún momento lo va a tener que usar.

— Claro.
— ¿Cuál es el problema del glifosato? La asimetría que percibe la población entre quién asume el riesgo y quién tiene el beneficio. Se piensa que el beneficio lo tiene el gran productor agropecuario y el riesgo lo corre el ciudadano común.

— Que vive ahí al lado.
— Que vive ahí al lado. En algunos contextos eso puede ser verdad, digamos, me parece que tiene que ser considerado un delito grave fumigar un pueblo o fumigar encima de donde hay una población, hay prácticas estrictas que deben ser respetadas. Pero también hay que tener en cuenta que gracias a la agricultura moderna vivimos todos nosotros, digamos, aun el habitante de la Capital sufre las consecuencias de una sequía, digamos, ahora perdimos 8 mil millones de dólares todos por las sequías. Cuando todavía el campo sigue siendo una fuente importante de los ingresos del Estado que es lo que permite pagar la seguridad social, la salud, la ciencia. Entonces de alguna forma no es cierto que esa asimetría sea tal.
Y el otro punto es que estas son tecnologías que van cambiando continuamente y vamos tendiendo cada vez a la agricultura que use menos agroquímicos o que use fitosanitarios que son de origen biológico porque los mercados cambian, no solamente son cuestiones de ambientalistas, el consumidor a nivel mundial cada vez quiere productos más sanos, más sustentable. Hay una tendencia importante al consumo de orgánicos, que tiene que ver incluso con el concepto de comercio justo, que me parece algo muy saludable, que el consumidor quiera saber que benefició a alguien comprando que un pequeño productor en una región remota hizo con esfuerzo y que no es producto de una gran compañía. Hay una reacción contra la agricultura industrial.
Entonces esto con el tiempo va a ir cambiando y en las mismas compañías están buscando cada vez más compuestos más seguros o más aptos para que tengan el menor tipo de consecuencia en el medio ambiente.
Pero, repito, hay legislaciones internacionales que dicen cuáles son las normas que uno tiene que obedecer para un uso seguro y se ha avanzado con el tema central en el uso de los envases, que mucha gente usaba el envase de agroquímico le ponía agua y después la tomaba. Ahora es obligatorio el pre lavado, hay sistemas de reciclado de ese plástico, de hecho hemos financiado varios proyectos de eso en varias provincias, o sea hay un proceso gradual de conciencia del riesgo que existe y la necesidad de tomar precauciones adecuadas.

— Lo despido con algo que siempre me da curiosidad para la gente que hace ciencia. La semana pasada, otra vez en Rosario, estuvo la física cordobesa del proyecto Olivos, Silvia González, y entre medio de la cantidad de preguntas sobre ondas gravitacionales, que me costó muchísimo entender, alguien le preguntó por qué hace ciencia y ella dijo “porque soy curiosa”. ¿Por qué hace ciencia doctor Barañao?
— Yo creo que la curiosidad, lo decía Einstein también, es el piso básico. Vos sabés que los seres humanos nos diferenciamos de otros primates que mantenemos muchas características infantiles, el ser humano se parece más a un bebé de otro mono que al adulto. Entre otras cosas conservamos la curiosidad, la curiosidad es típica de los estadios iniciales, después se va reemplazando por el miedo y por la cautela. Y en general también pasa con la gente, la gente primero es muy curiosa y después se vuelve cautelosa y después temerosa del cambio.
Los científicos somos un subgrupo que conservamos muchas características infantiles, no sólo la curiosidad. Entonces, voy a decir una de mis múltiples provocaciones, que el laboratorio es la continuación de la salita celeste. Porque nos permite jugar, nos permite pensar cosas distintas y encontrar cosas nuevas.
Y la curiosidad es el estímulo primordial, querer ver cómo son las cosas, desafiar el orden establecido, decir “bueno, a lo mejor las cosas son de otra manera”. Que es un poco lo que hizo Einstein, esto que se acaba de comprobar, que el espacio tiempo se curva cuando hay mucha gravedad, algo contrario a lo que se pensaba con la física de Newton, muy estática. Pensar que el espacio y el tiempo son más o menos lo mismo, o que están muy interrelacionados era un desafío al status quo. Eso también, la arrogancia también está asociada al pensamiento científico, desafiar la concepción generalizada.
Es una combinación de factores pero no debe ser la única, yo creo que también, en el caso de Argentina, tenemos que incorporar la responsabilidad social, no solamente tenemos que pensar en satisfacer nuestra curiosidad sino pensar en cómo eso que encontramos motivados por nuestra curiosidad ayuda a otro. Y ese componente altruista de la ciencia me parece que hoy por hoy es tanto o más importante como el componente de la curiosidad.

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