A mediados del mes de julio pasado, pasajeros de diferentes vuelos de la empresa Aerolíneas Argentinas sufrieron una extraña y novedosa experiencia en plena travesía aérea. Tal como es de estilo, la voz de diferentes comandantes de varias aeronaves solicitaron la atención de los señores pasajeros para pasar una información. Pero no se trataba de algún parte meteorológico que anunciaba turbulencia ni la referencia genérica a la altitud, velocidad de crucero y tiempo estimado a destino. Tampoco la mención a algún hito destacable de la geografía por debajo de la aeronave.

“Hoy vemos con preocupación que el Ministerio de Transporte de la Nación impulsa una política aerocomercial tendiente a que haya en el país una aviación cada vez más desregulada, con menos intervención de los organismos de control, modificando normativa para permitir menor entrenamiento de los pilotos, menores controles en mantenimiento, al mismo tiempo que permite una creciente extranjerización de los vuelos, afectando con ello nuestro trabajo. Junto a miles de trabajadores argentinos, como todos los días ratificamos nuestro compromiso de seguir poniendo lo mejor de nosotros para conectar cada vez más a nuestro país y fomentar el desarrollo de nuestra actividad con reglas claras para todos resguardando siempre el máximo nivel de seguridad en las operaciones”, fue el mensaje leído.

Dado que esta suerte de proclama fue reiterada en forma textual en varios vuelos de la empresa de bandera, poco tardaron las autoridades aeronáuticas en tomar formal conocimiento de que la misma obedecía a una acción gremial propiciada por el Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA) liderada por el piloto aerocomercial Pablo Biró.

Apriete sindical

En pleno desarrollo de esta peculiar campaña, el 17 de julio pasado, el Capitán Sebastián Fabre se disponía a realizar los trámites previos en la oficina de pre embarque del aeroparque metropolitano en su carácter de Comandante del vuelo AR 1892 con destino a Ushuaia, cuando el delegado gremial Santiago Giraud le solicitó que una vez en vuelo proceda a la lectura del comunicado gremial.

Ante la negativa de Fabre, y según lo reportara el mismo ante las autoridades de Aerolíneas posteriormente, el gremialista lo amenazó hasta el extremo de insinuarle que sufriría una agresión física. Una vez iniciado el vuelo comandando por Fabre, éste sufrió una descompensación que lo obligó a resignar el mando de la aeronave. Al aterrizar, debió ser trasladado a un centro médico porque había sufrido una hipertensión arterial.

La carátula de la causa por amenazas contra el gremialista

La carátula de la causa por amenazas contra el gremialista

La situación fue considerada de “extrema gravedad” por parte las autoridades del Ministerio de Transporte, a tal punto que el propio sindicato de pilotos resolvió suspender la extemporánea medida.

Pero a raíz de las graves implicancias de este tipo de acciones para la seguridad aeronáutica, a instancias de la ANAC (Administración Nacional de Aviación Civil), de la empresa Aerolíneas Argentinas y del propio Ministerio de Transporte, Fabre presentó formalmente una denuncia penal por amenazas.

La causa quedó radicada en el Juzgado Federal Número 6 a cargo de Rodolfo Canicoba Corral, quien imputó a Giraud por el delito de Amenazas (Art 149 bis Código Penal).

Por su parte, la ANAC se presentó en el juzgado en carácter de “testigo” y aportó al expediente toda la documentación relacionada con el incidente, entre ellos un video de una cámara de seguridad que registró el hecho. También se aportaron los protocolos en materia de comunicaciones permitidas al comandante de una aeronave civil durante un vuelo.



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