Beatriz Sarlo y Tomás Abraham (Fotos: Guillermo Llamos)

Beatriz Sarlo y Tomás Abraham (Fotos: Guillermo Llamos)

Repleta. Así se encontraba la sala Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional, que había convocada para discutir el tópico “Periodismo, redes y poder” con la presencia de dos de los intelectuales más relevantes de la Argentina de hoy: Beatriz Sarlo y Tomás Abraham. El encuentro fue convocado por la Academia Nacional de Periodismo, que inauguró su Instituto de Investigación a sala llena. “Nunca habíamos logrado una convocatoria así”, decía uno de los miembros de la Academia al terminar el encuentro mientras, como dos rock stars, Sarlo y Abraham accedían a sacarse fotos y selfies con el público que había concurrido a escuchar sus reflexiones sobre un tema que, como demuestra el escándalo de Cambridge Analytica, cobra la mayor relevancia en la actualidad. Según dicen algunos estudiosos, la incorporación de las redes sociales al aparato comunicacional nos inserta en la “era de la posverdad”, algo que Tomás Abraham negó. La mesa fue presentada por el miembro de la academia Roberto Guareschi y contó con la coordinación del periodista especialista en medios José Crettaz.

“En Estados Unidos el 38% de la población se informa por las redes sociales, que es su segunda fuente de noticias. Su primera fuente de noticias sigue siendo la televisión”, disparó Sarlo con datos frescos en la mano, que dan cuenta de la importancia de las redes como medio de acercarse a las noticias en estos tiempos. “Sin embargo, que sea un medio importante no significa que no sea a veces negativamente importante”, agregó y contó cómo en la rebelión iraní de 2009 las muchedumbres usaban las redes sociales para organizar sus movilizaciones, pero que luego esas movilizaciones, que no lograron sus objetivos, fueron la forma de que el Estado pudiera perseguir a los rebeldes por sus expresiones en Twitter o Facebook. Para Sarlo, las redes sociales no tienen una unidireccionalidad positiva.

La sala se encontraba repleta e incluso las autoridades de la Biblioteca habían cerrado el ingreso antes de la llegada de los panelistas por razones de seguridad. Eso no impidió que los pasillos escalonados se encontraran poblados por los asistentes que escuchaban con atención las intervenciones.

“Tengo un blog hace 11 años, tengo una cuenta de Facebook hace tres años y nada más -dijo Abraham-. No sé qué es Instagram o Twitter. Hace dos días le pregunté a mi amigo (el ensayista) Cristian Ferrer qué era un troll y él me respondió: ‘Y dale con los trolls. Los trolls existieron siempre’. Así que no sé qué es un troll, salvo que al parecer existieron siempre”. Si bien Abraham señaló que estaba más tiempo con computadoras con humanos y que leía desde temprano diarios de todas las tendencias en la web, desestimó las categorías en juego. “Uno de los vicios de las redes es que hay filósofos que se ponen a filosofar e inventan categorías como ‘posverdad’ -disparó-. Yo encontré una solución que a mí me sirve: no existe la verdad. Existe la mentira. Y no existe la posmentira”.

Sarlo señaló que no podría definir el peso de los trolls debido a que sería necesario estudiar en profundidad el tema, sin embargo dijo que “tuvieron importancia en la elección de Trump y fueron usados por la Unión Soviética”, en un breve furcio precaída del muro, pero que todo el mundo entendió como referencia a la intervención de Rusia en la elección presidencial estadounidense a través de la consultora Cambridge Analytica, que fueron incluso estudiados por la Cámara de los Lores británica en relación a su actuación en la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, conocida como “Brexit”.

La ensayista que fue best seller con sus Escenas de la vida posmoderna, que describían en 1990 cambios culturales que aún subsisten, se preocupó por qué modificaciones culturales implicaría en el modo de leer el pasaje del papel a la web. “¿Qué nos propone la pantalla como nuevo modo de leer? -se preguntó-. Los verbos iniciales de la web fueron ‘surf’, uno surfea la ola, cayendo con la ola, volviéndose a levantar, con un desplazamiento muy rápido. Que no es lo mismo que nadar. El segundo es ‘to skim’: se separa la nata de la leche. Son los primeros verbos que Internet inventó para designar sus destrezas de lectura, que tuvieron un cambio“. Sarlo se refería a la selección de noticias producida por los algoritmos de las redes sociales. Contó una anécdota: “El otro día en el subte un hombre se me acercó y dijo: ‘Yo siempre la leo’. Yo le pregunté dónde me leía. Y el señor me mostró su celular. No se refería a ningún medio en particular. Yo comprendí el uso del algoritmo cuando, mientras investigaba los discursos del peronismo, en mi rol de voyeur de las redes me aparecían noticias sólo de peronismo. Entonces me explicaron que el algoritmo entendía que se trataba de un interés primordial y me ofrecía lo que entendía que era mi preferencia”.

Sarlo agregó un dato: “Cada noticia, en promedio, se lee durante 35 segundos. Yo siempre en el transporte público stalkeo lo que la gente lee en los celulares, aunque es cierto que para ser una mejor stalkeadora necesitaría 50 centímetros más de altura. Las noticias se pasan a una velocidad que ni yo puedo leer el primer título, que me considero una lectora veloz. Y no se lee una nota de 3000 espacios en 35 segundos. Ese es un cambio cultural que quizás sea perdurable”.

Abraham causó risas cuando comenzó a enumerar las ‘molestias’ de las redes sociales: “La gente le sonríe al celular. A mí me produce irritación. Ustedes ven eso en el transporte público. Y no es un caso particular, sino que mucha gente le sonríe al celu. Otra molestia son los grupos de Whatsapp. Tenía uno y me borré rápido. Otra: el costo de la enunciación. Intervenir como comentaristas no tiene costo de enunciación, se puede decir cualquier cosa. El costo es cero. No sé si refleja nuestra idiosincracia, espero que no. No sé si en Francia o Estados Unidos se difama e insulta tanto como en las redes sociales de nuestro país“.

José Crettaz, Beatriz Sarlo y Tomás Abraham

José Crettaz, Beatriz Sarlo y Tomás Abraham

Sarlo conjeturó que los medios de papel legitiman las noticias en las redes. “Cuando salieron los wikileaks, los diarios de papel los estudiaron largamente como noticias. Ahí estuvieron Hugo Alconada Mon, Emilia Delfino y otros. El papel sigue tiene teniendo un papel legitimador para una élite cada vez más chica, pero tiene un altísimo funcionamiento. Los cuadernos de Centeno funcionan como noticias. ¿Se imaginan si hubieran salido en las redes? Imaginen eso: el caudal de opiniones y no información que habría dado a correr. El diario de papel le puede dar a la noticia que tiene relación con la realidad potencia y fuerza”.

En relación a los medios, Sarlo señaló que las redes funcionaban como “free riders”, es decir, como jinetes grauitos. “Las redes sociales son free riders de los diarios. Tienen almuerzos gratis en los diarios. No sé si hay que ir en manifestación a lo de Zuckerberg para decirle: ‘Queremos la mitad de tu fortuna o te vamos a expropiar los campos’. No sé si podemos hacer algo en ese sentido, pero sí podemos ser conscientes de que las redes sociales son free riders, que todos los que leen la noticia de La Nación o Clarín son free riders de esa producción. Tienen el almuerzo gratis”.

Más de dos horas habían pasado desde el comienzo de la charla sin que volara una mosca para interrumpir a Sarlo o Abraham. El público hizo tres preguntas y se dio por concluido el encuentro, mientras el auditorio era desalojado lentamente por la asistencia. Quedaban los fans de los pensadores, que se acercaban a la mesa para la famosa selfie, otra forma estética de la posverdad. Mientras Sarlo y Abraham accedían a todos los pedidos de fotos, el público se iba con la satisfacción de una jornada productiva. Y Sarlo se iba con la satisfacción de un retrato realizado con una cámara de fotos por el dibujante Hermenegildo Sábat, también miembro de la Academia de periodismo. Ella y detrás su biblioteca. “Tiene un método que no tiene ningún periodista. Me visitó en mi estudio, colocó una cámara cuadrada en la mesa y charlamos. A los cuarenta minutos me dijo: ‘Ya está’. Y había sacado esta foto”, contó a Infobae con orgullo mientras caminaba por Las Heras hacia el subterráneo. Fan del transporte público, quizás aprovecharía para stalkear cómo leen las noticias en el subte hoy los argentinos en una jornada en la que las noticias políticas habían sido el centro mismo de toda conversación.

 

 



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