“La falta de divisas es un problema endémico de la Argentina, porque desde hace muchos años el país no genera dólares suficientes”

“La falta de divisas es un problema endémico de la Argentina, porque desde hace muchos años el país no genera dólares suficientes”

Cada vez que en el resto del mundo hay una crisis que afecta a un país en particular, sea México en 1994/95, Rusia en 1998; Brasil en 1999, EEUU con las hipotecas 2007/08; o ahora en Turquía, la Argentina recibe severos coletazos. Eso ocurre porque “siempre nos comparan con los peores”, dijo a Infobae Aldo Pignanelli, ex presidente del Banco Central entre julio y diciembre de 2002.

El dirigente del Frente Renovador ya lo había anticipado a mediados de junio, cuando la Argentina selló un nuevo acuerdo stand by con el Fondo Monetario Internacional y el Gobierno dispuso la salida de Federico Sturzenegger de la conducción del Banco Central, reemplazado por quien era ministro de Finanzas, Luis Caputo: “Si no se cambia el modelo económico, monetario y financiero, podrá venir Caputo o el que quieran, pero no va a poder solucionar el problema externo de la Argentina”.

En las últimas dos semanas los mercados cambiarios y de bonos de la Argentina volvieron a ser severamente golpeados por la derivación de una crisis en uno de los países emergentes que en sus características macroeconómicas tiene más semejanzas que diferencias, que obligaron a tomar medidas de emergencia, aunque lejos parecen responder a un plan estratégico de largo plazo.

– Una vez más, y pese a contar con el reaseguro fresco del Fondo Monetario Internacional, los inversores externos reaccionaron negativamente contra la Argentina, en respuesta a la crisis que afecta a Turquía, ¿cómo evalúa las medidas de emergencia que tomó el equipo económico a comienzo de semana, con recorte de beneficios al sector exportador, pese a que necesita generar divisas y cero baja de impuestos para fomentar la actividad productiva y comercial?
– Esto de la falta de divisas es un problema endémico de la Argentina, porque desde hace muchos años el país no genera dólares suficientes para financiar su economía, y en los últimos seis meses la fuga de divisas prácticamente triplicó la producción de divisas. El problema que veo es que la estrategia del gobierno de Mauricio Macri es que asume con la convicción de que liberando los mercados y produciendo medidas pro mercado iban a llover las inversiones; y que tenían dos años para endeudarse, porque la verdad es que si algo le dejó el gobierno de Cristina Kirchner en buen estado es la capacidad para endeudarse. No por virtud, sino porque nadie le prestaba.

– Pero algo falló…
– Fallaron las condiciones de la Argentina para que vengan las inversiones productivas. Si mira los balances cambiarios del Banco Central verá que siempre tuvimos un saldo negativo por la fuga de capitales, por el turismo, por las importaciones versus las exportaciones, y también por la salida y entrada de los capitales golondrinas. Y cuando estos últimos ingresan, en el Gobierno disfrutaban porque se apreciaba el peso, pero cuando se iban por equis causa, de la Argentina o del mundo, como ahora, porque está ligado, sufría las consecuencias. Mientras había capacidad de endeudamiento eso no se notaba. Incluso a un director del Banco Central, que continuó tras los cambios, le decía que no se podía permanecer con un déficit de USD 10.000 millones por año en el  turismo internacional.

Fallaron las condiciones de la Argentina para que vengan las inversiones productivas

– Sobre todo cuando uno de los impulsores de semejante desequilibrios es el atraso del tipo de cambio, que alienta el turismo externo y las importaciones y desincentiva la entrada de extranjeros y las exportaciones…
–  Claro. Y ¿qué me dice?, “bueno, mientras se financie…”, sí, pero se está financiando con capitales golondrinas. Y esos capitales cuando se van, se van y el gasto en turismo también. Eso me llamó la atención, porque efectivamente empezamos a transitar esa situación, pero no hace una semana, sino desde fines de abril de este año, cuando se inicia el proceso de aumento de tasas de interés, más profundo en los EEUU; los inconvenientes de Turquía empezaban a vislumbrarse, y el mercado nos compara siempre con el peor. Así fue en agosto de 1998, cuando era director del Banco Central y estaba en la Comisión de la Administración de las Reservas. Cuando se produce el colapso ruso directamente nos cortaban las líneas de crédito; después nos pegó Brasil en 1999 cuando el presidente Henrique Cardoso devalúa el real y se vislumbraba que lo podía suceder “Lula” Da Silva.

– ¿Por qué ocurre eso?
– En ese momento porque ya estaba debilitada la convertibilidad fija 1 a 1 entre el peso y el dólar. Pero después vino todo un proceso distinto, fundamentalmente a partir de mayo de 2003, cuando la OCDE (Organización para la Cooperación para el Desarrollo Económico) permite incorporar a China a la condición de país con economía de mercado; pero en realidad ese cambio de paradigma de la economía toma a la Argentina fortalecida, porque el país estaba en default y de ese modo había financiado la salida de la convertibilidad sin pagar la deuda externa, salvo la del Fondo Monetario y con los organismos multilaterales como Banco Mundial y BID. Y además, teníamos superávit fiscal, superávit en la balanza comercial; y yo mantenía un dólar alto por la sustentabilidad del campo. Le habíamos aplicado una retención de 20% a las exportaciones con el compromiso de mantener una paridad relativamente alta.

– ¿A valores de hoy, esa paridad a cuánto ascendería?
– No voy a tomar el tipo de cambio alto de $3,90 a $4, que fue el pico que impulsamos a propósito con el ministro de Economía, Roberto Lavagna, para hacer un adelanto (overshooting), pero después lo bajamos a $3. Si a ese nivel de 2003 le agrega una tasa de inflación del 40% en los EEUU; y lo multiplica por la inflación acumuada en la Argentina hasta hoy, daría una paridad alta de $40, pero el campo recibía 20% menos.

Si al tipo de cambio medio de $3 de 2003 le agrega una tasa de inflación del 40% en los EEUU; y lo multiplica por la inflación acumuada en la Argentina hasta hoy, daría una paridad alta de $40, pero el campo recibía 20% menos

– Bueno, pero ahora, el Gobierno se había fijado un sendero de convergencia de las retenciones al complejo sojero del 35% a 18% a fines de 2019, por tanto para volver a ser consistente con aquel momento se necesitaría un dólar de $40. Sobre esa base, ¿el salto cambiario de $20 a $30, puede leerse como una corrección?
– Por supuesto, pero en este caso la corrección la hizo el mercado, no la política del Estado. Y quiero agregar que vino esa etapa desde 2003 de los superávit gemelos y el boom de la soja. Tal vez el error ahí (2005 a 2007) fue no haber acumulado una reserva para épocas de “vacas flacas”. Ese fue uno de los problemas que enfrentó Roberto Lavagna con Néstor Kirchner, porque tenía dos grandes diferencias, más allá de que el presidente se lo quería sacar de encima porque lo veía como un competidor de él: 1) creía que había que armar un fondo de contingencia;

– ¿Como el modelo chileno, un Fondo de Estabilización?
– Exactamente, tal cual. Y 2) que Lavagna cuando se va denunció el cartel de la obra pública. Circunstancias que ahora están presente nuevamente.

Y volviendo a la actualidad, luego de esta reseña histórica, veo que Mauricio Macri estaba convencido de que después de la salida del default venían las inversiones. Y ahí hubo dos dificultades, o dos errores no forzados: 1) asumió Donald Trump la presidencia de los EEUU, y lleva adelante una política comercial proteccionista, con una gran pelea mundial con las grandes potencias, fundamentalmente China, y a la Argentina la toma de contramano; y 2) la suba de las tasas de interés internacional.

Así como en 2003 nos agarró el cambio yendo por el camino que seguía el mundo: teníamos superávit comercial y fiscal; un dólar alto; se protegía de alguna manera al campo, se le dio rentabilidad y se crecía con eso; y el mundo iba para ese lado. Entonces el viento de cola era cierto, pero también se habían levantado las velas.

Por el contrario, el gobierno de Macri, creo, cometió un error estratégico, que fue que cuando Trump, y luego por réplica Europa y China comienzan con el proteccionismo, nos abríamos al mundo. Personalmente, no soy un profesional que cree que tiene que estar todo cerrado o todo abierto. Y si bien toda mi vida milité en el peronismo, debo decir que es un movimiento que tiene defectos y virtudes, y que siempre buscó adaptarse al momento de cada época. A veces le conviene tener una economía abierta, liberal si se quiere, y en otras no. Hay que saber adaptarse a las circunstancias.

“A veces le conviene tener una economía abierta, liberal si se quiere, y en otras no. Hay que saber adaptarse a las circunstancias”

“A veces le conviene tener una economía abierta, liberal si se quiere, y en otras no. Hay que saber adaptarse a las circunstancias”

– Sin embargo, ¿no cree que el Gobierno se abrió al mundo más en el aspecto ideológico que en los hechos concretos en el aspecto comercial, porque las importaciones están lejos de haber volado, más allá de que estaban planchadas por el cepo cambiario?
– Hubo dos formas de apertura. En lo comercial se dio fundamentalmente en los bienes de capital, que eso no es del todo malo, pero también hubo en bienes de consumo, con la idea de que con eso se ponía un límite a los precios internos. Ahora, donde más estuvo la apertura fue en el aspecto financiero, con la eliminación, fundamentalmente desde 2017, de todo control mínimo al flujo de capitales. Ningún país regala el mercado de capitales golondrinas, porque cuando se van lo trituran. Ellos aprietan un botón y se van. Ahí hubo una apertura indiscriminada que trajo sus consecuencias.

Ningún país regala el mercado de capitales golondrinas, porque cuando se van lo trituran. Ellos aprietan un botón y se van. Ahí hubo una apertura indiscriminada que trajo sus consecuencias

– ¿Eso tiene nombre y apellido?. Federico Sturzenegger…
– Seguramente, el ministro de Economía de entonces, Alfonso Prat-Gay, no era de esa idea, porque ahí había una confrontación. Recuerdo que cuando asumió el cargo, a fines de 2015, nosotros, en nombre del Frente Renovador, concurrimos con Roberto Lavagna a hablar con ellos porque necesitaban la ley para poder pagarle a los holdouts, fue en febrero de 2016, y me acuerdo que en algún momento dado le dije: “mira creo que la ley se va a aprobar, pero va a generar una lluvia de dólares de deuda financiera. Al otro día ya tenía una oferta de los bancos por USD 20.000 millones. ¿Vos tenés todos los planetas alineados con el Banco Central?, “bueno, vos sabés que esto se arregla con tasas de interés”.

Y si con el ingreso de USD 20.000 millones se mantiene una alta tasa de interés para colocar Lebac, eso significa una devaluación del peso. Ahí había una incompatibilidad. No se olvide que hasta hace dos meses el ex presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, era el modelo a seguir. Era el hombre fuerte de la economía.

– Fue uno de los firmantes del acuerdo con el FMI, junto al ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne.
– Y a la otra semana le pidieron la renuncia. Eso fue también un cambio muy importante. Pero de cualquier manera creo que hoy el problema es, si usted me lo pregunta, el sector externo, porque no veo capacidad en la Argentina de resolver el abultado déficit de divisas de la cuenta corriente de la balanza de pagos; porque entran a jugar aspectos políticos.

Cuando asumió la presidencia Mauricio Macri, el primer problema que se dijo fue el déficit fiscal, que eran pesos; no había deuda en dólares. Se sacó el cepo cambiario; se le pagó a los fondos buitres; se hizo el blanqueo de capitales. La economía comenzó a funcionar, y el país se fue endeudando. Pero llegó un momento en que todos los pesos que se ahorraba, más que nada con el reajuste de las tarifas, y otros recortes en el gasto público, que redujeron el déficit primario, que estaba en el 5% del PBI a 3,5% del PBI; porque fundamentalmente el desequilibrio que dejó el gobierno de Cristina Kirchner fue el atraso de las tarifas de los servicios públicos; se los perdió porque subía la deuda pública y el presidente Donald Trump comenzó a subir las tasas de interés que arrastró a las del resto del mundo. De ahí que el resultado final fiscal se mantuvo igual.

– Eso parece no haber cambiado, el FMI dijo que se requiere llegar a la regla del 3 por 3, el porcentaje de superávit primario que se necesita para poder pagar los servicios de intereses de la deuda pública, año tras año…
– Claro, antes el déficit financiero era de 1% del PBI, y ahora supera el 2,5%. Y cada vez que se devalúa el peso crece el monto de la deuda en el equivalente en moneda nacional porque la mayor parte está en dólares y otras monedas. Entonces, el problema del déficit fiscal que era en pesos se transformó en más deuda en dólares, y en el déficit de las cuentas externas.

“Cada vez que se devalúa el peso crece el monto de la deuda en el equivalente en moneda nacional porque la mayor parte está en dólares”

“Cada vez que se devalúa el peso crece el monto de la deuda en el equivalente en moneda nacional porque la mayor parte está en dólares”

– Ahora el problema es cómo se generan dólares genuinos. Usted que fue presidente del Banco Central, si se le presentaba una situación como la actual en el que la población parece estar tomando nota de los desequilibrios de la economía, y el tipo de cambio se le dispara de menos de $20 a $30, hubiera salido a vender reservas, o hubiese dejado primero que alcanzar el nivel que buscaba el mercado para poder exportar más, importar menos y bajar el déficit de divisas, para luego regularlo con uso de reservas?
– Hay que tener en cuenta que una devaluación de cierta magnitud en las actuales circunstancias se va a trasladar a los precios de los bienes y servicios. Y entonces, para qué querría la devaluación. Cuando se hace un ajuste de la paridad cambiaria es para mejorar la competitividad de la Argentina, o para licuar pasivos. Nosotros a fines de 2001, principios de 2002, se lo hizo por las dos cosas: se devaluó, pesificó, defaulteó, se licuó deuda, y a la vez se mejoró la competitividad; porque no se ajustaban los salarios, el Banco Central no emitía pesos. Estoy hablando de una etapa muy diferente a la que le tocó al equipo del presidente Mauricio Macri. Una “ventaja” era que la sociedad estaba con los brazos caídos, porque estaba asustada.

– Hoy hay una parte no menor de la sociedad que está asustada, y por eso bajó el consumo, dejó de consultar por los créditos hipotecarios ajustables por UVA, y la que puede dice que no sabe en qué invertir…
– Claro, pero todavía no en el nivel de la crisis del 2001. Eso también hay que tenerlo en cuenta, porque tampoco es justo generar crisis de esa magnitud porque el costo social es muy grande; en el camino se queda mucha gente. Eso es lo que me preocupa. Ahora, usted me hizo una pregunta y creo que todo lo que estamos hablando si no hay un acuerdo político es muy difícil llevarlo a adelante.

– Pero en la Argentina los acuerdos políticos no abundaron, y ahora no parece haber conciencia entre los dirigentes de forzar un punto de encuentro…
– Sí, pero le voy a explicar por qué es necesario un acuerdo político, porque es muy fácil decir “hagamos un acuerdo”,¿pero para qué?, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿dónde están las consecuencias?. Primera consecuencia es el sector externo. Muchos capitales no están viniendo porque ven mucha confrontación en el país, y se preguntan ¿y mañana cuando vengan los peronistas qué hacen, vuelven a las andadas como antes?

Yo represento un sector del peronismo que quiere que el país crezca y demás. Pero hay otros sectores que los mercados no confían. Creo que la gran falla de Mauricio Macri fue lo que dijo en 2015 cuando asumió: “yo gané sólo, yo gobierno solo”. Si hubiese convocado a un acuerdo, no en personas individuales, porque la verdad es que el Gobierno a muchos de nosotros en forma individual nos convocaba; y hubo compañeros, amigos míos que aceptaron, y los respeto, como Jorge Todesca; Alberto Abad; Ricardo Delgado; Eduardo Amadeo, y muchos más, pero lo hicieron a título individual, eso no sirve si el sector al que represento no está.

Muchos capitales no están viniendo porque ven mucha confrontación en el país, y se preguntan ¿y mañana cuando vengan los peronistas qué hacen, vuelven a las andadas como antes?

– Hoy, en medio de las derivaciones de “los cuadernos”, ¿cree que están dadas las condiciones para trabajar en la búsqueda de un acuerdo político”
– Creo que lamentablemente no. ¡Ojalá!, porque me parece que nunca es tarde, porque el inconveniente es para todos. Pero permítame redondear la idea final: Primero creo que hay que trabajar en resolver el problema externo, y un acuerdo político le ayudaría mucho. Nosotros en el 2002, con el acuerdo Alfonsín-Duhalde, CGT-Campo, Unión Industrial, inclusive la Iglesia con Jorge Bergoglio a la cabeza, fuimos a la Mesa del Diálogo Argentino, nos servía muchísimo cuando íbamos al exterior a negociar, porque nos veían con un acuerdo total de la sociedad argentina. No es la único, pero ayuda mucho.

Segundo tema, ayuda mucho a bajar las expectativas inflacionarias en una primera etapa. Tampoco soñemos que un acuerdo de precios y salarios va a solucionar el problema, pero le sirve para ganar tiempo, por ejemplo seis meses.

 -¿Qué se podría hacer en 6 meses?
– Seis meses en política económica es una eternidad, porque permite fijar la base del resto de la gestión. Por ejemplo, hubo acuerdos de precios y salarios en la Argentina, pero por muy pocos con éxito, porque el problema era político. Si se mira el caso de Israel, a principios de los 80, tenía un problema de alta inflación similar al nuestro, y lo primero que hizo fue un acuerdo de precios y salarios, con reformas. ¿Por qué? porque se pueden tomar diversas medidas, pero si macroeconómicamente no se busca el equilibrio todo eso no sirve…

– Sobre  todo si no existe un horizonte de continuidad por parte de otro gobierno…
– Exacto. ¿Cómo se corrigen los desequilibrios macroeconómicos con esta puja distributiva que hay y con la confrontación política existente? Creo que hay elementos como para que el Gobierno llame a un acuerdo de estas características. No hablo de un acuerdo electoral, ni siquiera de gobernabilidad, es un acuerdo de políticas de Estado. Es decir, bueno, si se hace un acuerdo de precios y salarios, la CGT, los empresarios y las empresas de servicios están dispuestas a contribuir a ese proceso, en aras de contribuir a la estabilidad en meses.

Segundo, ¿qué hacemos con el sector externo?, ¿vamos definitivamente a una balanza comercial positiva por mucho tiempo; es decir vamos a exportar más de lo que importamos; vamos a desarrollar el mercado interno?.

¿Qué hacemos con la energía?, porque hoy el déficit externo se genera principalmente en la importación de gas y de automotores, del orden de USD 7.000 millones en cada caso. Tenemos Vaca Muerta; el litio, los ríos, ¿vamos a hacer las obras? ¿cómo las vamos a hacer?, ¿estamos todos de acuerdo?

Y por otro lado está el campo, el gran generador de divisas en la Argentina, ¿puedo acordar con ellos que durante 6 meses le voy a garantizar dólar alto, y poner retenciones, pero el día de mañana les voy a permitir que ese impuesto se compute a cuenta de Ganancias?

“Cuando en 2002 fuimos a la Mesa del Diálogo Argentino, nos servía muchísimo cuando íbamos al exterior a negociar, porque nos veían con un acuerdo total de la sociedad argentina. No es la único, pero ayuda mucho”

“Cuando en 2002 fuimos a la Mesa del Diálogo Argentino, nos servía muchísimo cuando íbamos al exterior a negociar, porque nos veían con un acuerdo total de la sociedad argentina. No es la único, pero ayuda mucho”

– ¿O sea que usted está a favor de reponer las retenciones a las exportaciones, no lo considera un impuesto distorsivo?
– Sí. A lo mejor, en una primera etapa se necesitaría aplicarlo como un impuesto directo, pero en una segunda, se podría mantener como un anticipo de la declaración de Ganancias. Eso formaría parte de las propuestas de un acuerdo.

– ¿Qué más debería incluir un consenso político que trascienda al gobierno de turno?
– Debería incluir, además de un acuerdo de precios y salarios, fomentar el turismo nacional como estrategia de largo plazo; alentar las exportaciones; buscar los equilibrios fiscales; una nueva reforma impositiva, porque siempre ha sido el sector privado el que ajusta; también en materia de adecuación de las tarifas de los servicios públicos, en particular en el caso energético. ¿Qué hace el mundo?, todos subsidian al sector energético, pero de acuerdo a sus posibilidades, incluso los EEUU y más aún China. Nosotros deberíamos dejar de subsidiar a los que tienen 5 aires acondicionado en la casa y sí mantenerlo para las pymes y los sectores que lo tienen como un insumo relevante para poder ser competitivo.

Deberíamos dejar de subsidiar a los que tienen 5 aires acondicionado en la casa y sí mantenerlo para las pymes y los sectores que lo tienen como un insumo relevante para poder ser competitivo

– Dada su condición de ex presidente del Banco Central, a la salida de la crisis de 2002, ¿Cómo ve a la nueva autoridad monetaria, hay críticos que la descalifican, que se trata de una mesa de dinero, en contraste con la anterior más profesionalizada, aunque terminó con más errores que aciertos?
– Es así.

– ¿Y eso es bueno?
– No es bueno, porque se necesita un Banco Central que fije política monetaria, financiera, crediticia, tipo de cambio. La mesa de dinero es un sector menor, pero hoy es la estrella porque se están enfrentando una corrida contra el tipo de cambio. Creo que es una conducción muy profesional, tanto Luis Caputo, como Gustavo Cañonero, pero el expertise de  ellos es el de mesa de monedas. Pero, también hay un equipo muy importante que está llevando adelante la política monetaria. Por eso no los critico. Tengo información que Caputo lleva el mayor tiempo de su gestión en la mesa de dinero.

– Tal vez para esta hora es lo que se necesita…
– Y sí, son las circunstancias. Acá el gran tema es el desarme del stock de Lebac. El Gobierno recibió un stock de USD 25.000 millones, eran $250.000 millones; pero lo llevaron a $1,5 billones, que eran USD 65.000 millones, eso se tenía que haber evitado de alguna manera. Cuando en mi gestión pusimos las Lebac no tenía la función de ser una cuenta reguladora de la base monetaria, era un elemento para fijar el precio del peso, es decir que hubiera una tasa de interés que le pusiera freno a la demanda de dólares. Recuerdo que la primera emisión de Lebacs fue suscripta por 3 bancos, a 7 días, al 130% anual; a los 6 meses, tenía $3.000 millones de Lebac, que eran USD 1.000 millones, a una tasas del 9 anual a 3 años, y ya la dejamos de usarlas.

Pero después vino la etapa kirchnerista, y el entonces presidente del Banco Central, Alfonso Prat-Gay (desde el 11 de diciembre de 2002 al 23 de septiembre de 2004), tuvo que aumentar la emisión de las Lebac cuando se recuperan las 24 cuasi monedas provinciales (Lecop -Argentina-, Patacón -Buenos Aires-, Lecor -Córdoba-, Federal -Entre Ríos-, Cecacor -Corrientes-, Bocade -Tucumán y La Rioja-, Petrom -Mendoza-, Cemis -Misiones-, Huarpes -San Juan-, Qubracho -Chaco-, Bocanfor -Formosa-, Bono Ley 4748 -Catamarca-, Letras -Tierra del Fuego-, Petrobono -Chubut y Río Negro-); y después en la gestión Martín Redrado (24 de septiembre 2004 a 22 de enero de 2010), pero principalmente de la Mercedes Marcó del Pont (23 de enero de 2010 a 18 de noviembre de 2013) se hizo exponencial, y luego Alejandro Vanoli (2 de octubre de 2014 a 10 de diciembre de 2015) entregó el Banco Central con un stock de Lebac de USD 25.00o millones.

Y recuerdo que en la propuesta de campaña de Sergio Massa, que perdimos, era una desarticulación en 4 años de la emisión de Lebac. Pero, por el contrario, en el Gobierno de Mauricio Macri, con Federico Sturzenegger en el Banco Central, por el contrario, se triplicó. Y ahora se están pagando las consecuencias.

– ¿Cómo ve la estrategia de desarme de semejante stock de Lebac, empezando por las tenencias de los bancos?
– Es correcto. Y creo que el Banco Central tiene herramientas para compensar la consecuente emisión de pesos. Para mí es una buena noticia para decidido comenzar a desarmar el stock de Lebac.

Fotos: Martín Rosenzveig



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