Agustín P. Justo, presidente de la Nación entre 1932 y 1938.

Agustín P. Justo, presidente de la Nación entre 1932 y 1938.

Por decisión de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, se reinauguró el lunes 6 de agosto la Plaza Agustín P. Justo, con un acto en la calle Roberto Levillier y la avenida Belisario Roldán.

Justo es el presidente olvidado por la historia, pese a su rol protagónico en buena parte de esta.

Perteneció durante cuarenta años al partido radical. Era un hombre de una cultura sobresaliente y de un coraje y una entereza al momento de decidir más que remarcables. Un hecho lo pinta de cuerpo entero: cuando era ministro de Guerra de Alvear, en una operación aérea, el aeroplano donde viajaba sufrió una abrupta baja y él quedó despedido. A cientos de metros de altura, tuvo la serenidad de abrir su paracaídas para caer sin golpes, en un lugar remoto del noroeste argentino.

La elección de Justo como presidente, a través de la Concordancia (socialistas, conservadores y radicales anti-personalistas), quedó bajo todo tipo de sospechas. Sin embargo, como afirma Rosendo Fraga, está verificado históricamente que ganó sin fraude. Eso sí, fue con el veto a la candidatura yrigoyenista. Y, durante su período, las elecciones locales quedaron bajo diferentes acusaciones sobre su legitimidad.

Guiado por el pragmatismo, Justo impulsó una política keynesiana para superar los efectos de la crisis global

Cuando la Gran Depresión de 1930 cayó como un rayo sobre la Argentina, el 80% de los ingresos fiscales eran producto del comercio exterior. La depresión significó una abrupta disminución de los ingresos fiscales. Y, en gran parte, alentó la revolución de septiembre de ese año, realizada con un fuerte apoyo civil, en el marco de un gobierno ya debilitado.

Los primeros años de esa década quedaron signados por un cuadro de extrema tensión y aumento de la desocupación, tal como ocurrió en el resto del mundo.

En 1932, asumió Justo, ingeniero civil y militar que gobernó durante el período completo. Su gobierno logró sacar la gestión de su antecesor del ambiente más bien corporativo que había implantado. Para contextualizar la asunción de Justo, vale recordar que en ese año la producción industrial del mundo se había caído casi 40% con respecto a la de 1929, las importaciones de todos los países se habían reducido cerca del 60% y la desocupación se había triplicado.

Su gobierno incorporó el país al mundo. La Argentina, que no pertenecía a la Liga de las Naciones desde 1920, volvió a esta organización cuando el ministro de Relaciones Exteriores era Carlos Saavedra Lamas, premio Nobel de la Paz.

Su gestión puede ser discutible, pero los resultados de su obra quedan a la vista, en un contexto histórico muy difícil

Guiado por el pragmatismo, impulsó una política relativamente keynesiana para superar los efectos de la crisis global. Al asumir, solo había 100 kilómetros de camino asfaltado. Seis años después, el país tenía 10 mil kilómetros. Se trazaron las grandes rutas troncales. El desarrollo vial quebró el monopolio de los ferrocarriles ingleses. Se hizo una labor extraordinaria, que de déficit pasó a superávit. Entre tantas obras merece desatacarse gran parte del ferrocarril de Rosario de Lerma (Salta) a Socompa (Chile) de 572 kilómetros.

Cuando la Segunda Guerra Mundial, Justo anunció su opinión sobre la necesidad impostergable de declarar la guerra al Eje Roma-Berlín-Tokio. En 1942, tomó el cargo ofrecido por el ejército de Brasil para luchar contra Alemania e Italia. El 11 de enero de 1943 murió en Buenos Aires, al poco tiempo de que lo hiciera su esposa.

Sin dudas su gestión puede ser discutible, pero los resultados de su obra han quedado a la vista. Lo importante, a la hora de analizarla, es tomar en cuenta el contexto histórico dentro del que se desenvolvió.

Pese al olvido, nadie puede negar su protagonismo en la política de nuestro país. Bien deberían los estudiosos profundizar esta parte de la historia. Y analizar el complejo entramado de nuestro pasado con suficiente amplitud de criterio para tratar de entenderlo en su real dimensión. Es hora de que recojan el guante.

El autor es economista. Profesor de la UCEMA.



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